Flaca, dejate caer, una lluvia de llanto y de hambre,
corrés a más no poder, dejando atrás la miel y sus abejas.
Flaca, granizo de huesos te cumbre,
no me dejes el plato lleno, que anoche también lo desperdiciaste.
Sos como un pedacito de tul,
ligero y claro, la brisa te vuela,
nena, dejaste el plato lleno otra vez.
Mirá tu piel adherida a tus costillas, se marcan como suaves ondas en tu torso.
Flaca, tus ojos están clavados a tu cabeza, y tu cabello traza tu sonrisa esquelética.
No me mires con ojos de culpa, es lo que la gente normalmente consume.
Por tu culpa, hermosa, miles de heroínas mueren, al considerar su belleza irreal.
Flaca asesina, ¿no sentís culpa?
Te ocultás abajo de tu abrigo de piel, ponés cara de vergüenza,
sabés bien lo que hiciste.
Flaca asesina, dejá de de matar.
Lo hacés inconscientemente, sin deseo de lastimar a nadie,
pero sos tan culpable como el que te hace vender;
porque tu imagen vende, flaca.
Te mirás al espejo y ves carne, mucha carne,
esa carne no existe, la única carne que queda es aquella de la que arrancaron ese cuero que te adorna.
Flaca asesina, te merecés perpetua...